La noche estaba estrellada,
era un cielo nocturno de provincia y
la Luna envolvía con su brillo salvaje las calles angostas y los tejados de las casas rurales.
Más allá, caminábamos por el sendero junto al arroyo, el silencio de la noche permitía oír el croar de las ranas, el sonido estridente de los grillos.
Vimos bailar a los nenúfares junto al reflejo de la luna en la fuente, todo se tornó tan psicodelico,
Tome sus delicadas manos frías de la noche, sus labios tiritaban de temor, sus ojos chinitos no se atrevían a mirarme,
Tome sus delicadas manos frías de la noche, sus labios tiritaban de temor, sus ojos chinitos no se atrevían a mirarme,
solo oímos el croar de las ranas, el sonido apacible del agua del arroyo, la fuente y Luna llena fue testigo de nuestro primer beso.